Publicado en: 2006-08-17 (627 Lecturas)
La popularidad no altera la innata naturalidad de Mariano Natalio Carrera, que con 22 años, disfruta de un jubiloso presente en el trono de monarca argentino y Latino de la Organización Mundial de Boxeo. Así lo demuestra en la intimidad de su hogar, ubicado en pleno corazón de uno de los barrios más populosos de Buenos Aires, Colegiales, en donde el campeón mediano repasa –exclusivamente para nuestro medio- su historia y reflexiona sobre su actualidad.
Carrera nació en Vicente López y se crió en Mar del Plata. Allí, gordito y petiso, y con 9 años, inició su relación con el pugilismo, al pisar el gimnasio de Héctor Dipilatto. “Hacía guantes con Luis Lazarte y Patri”, recordó con nostalgia. Al principio, sus padres y tíos se erizaban de furia y temor por el boxeo. Sin embargo, todo cambió rotundamente a medida que Mariano progresaba y atiborraba su vitrina de premios.
“Nunca me sobró nada, pero nunca me faltó nada. La comida siempre la tuve. En mi casa, me dieron todo y siempre me apoyaron, no me puedo quejar”, expresó, rodeado por sus hermanos Pablo (16) y Silvio (32).
En el preludio de los ´90, los Carrera se mudaron a la Capital Federal. En consecuencia, Mariano tuvo que cambiar de entrenador y, por recomendación de Dipilatto, practicó con la familia Zacarías. “Estuve un año y no me gustó -afirmó con desagrado-. Era muy pibe y no me prestaban la atención debida. Sentía que no encajaba, que era un sapo de otro pozo”. Por intermedio del ex boxeador Danilo Díaz, comenzó a entrenar bajo las órdenes de “Tito” Gómez, en la Federación Argentina de Box (FAB).
Su prodigiosa técnica sedujo a Alejandro Domínguez y el DT de la selección argentina, no dudó en sumarlo a sus huestes. “Acostumbrado a guantear y trabajar con profesionales en la Federación, siendo amateur, tenía un estilo profesional, que para el sistema de la AIBA no te sirve”, comentó el hombre que actualmente reside en Córdoba.
Luego de un sorbo de gaseosa, acotó: “Estuve un año para agarrarle la mano. Me costó mucho el tema del bloque, golpes rectos y nada de pegar abajo”.
Tras participar de varias competencias, entre ellas, cabe destacar los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, el Mundial Juvenil, Carrera abandonó los cabezales y las pecheras, para ingresar al campo rentado.
En su bautismo, acabó con el riojano Darío Gerez e hilvanó una racha de 5 victorias consecutivas, por la vía rápida, que fue cortada por un injusto veredicto ante el santafesino Marcos Díaz, quien posteriormente lo noqueó y marcó un punto de inflexión en la profesión del bonaerense: optimizó su labor defensiva, inyectándole velocidad y prudencia en el aspecto ofensivo. Esa evolución conllevó a que se presentara exitosamente, en tres ocasiones, en el mítico Luna Park y se coronara campeón nacional.
Un regocijo inocultable trascendió en su rostro encendido, cuando dirigió su discurso al pueblo venezolano. “Es un orgullo poder ser reconocido por distintos países de Latinoamérica, como Venezuela. A ellos les pido que me tengan fe y que me sigan apoyando, porque no los voy a defraudar”.
Con su padre Eduardo, intercambian bromas y opiniones. Envuelto en esa atmósfera, Mariano se retira acompañado por sus hermanos a renovar su pasaporte, pues sabe que en cualquier momento, puede partir al exterior a combatir por un título mundial del mundo. También tiene un sueño, pelear en Venezuela. Ojalá se le cumpla.
E-mail: morenolautaro@yahoo.com.ar
FRASES.
Carrera reveló que uno de sus anhelos es “visitar Venezuela, recorrerla y pelear allí, para que la gente conozca de cerca mi forma de ser”.
“Tengo gente conocida allá. Especialmente una amiga que se llama Oriana Hurtado. Quiero aprovechar este medio para mandarle muchos saludos”.
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